11 feb. 2014

El dolor se olvida

El dolor se olvida y el sentimiento permanece.
Todos los que hemos sufrido ese latigazo intenso, a veces entrecortado y otras constante, donde la focalización del pensamiento es unidireccional y localizado exclusivamente en esa parte del cuerpo, sabemos que ahí en ese instante, el protagonista de tu vida es únicamente el dolor.

A lo largo de mi vida en algún momento u otro lo he vivido y sobretodo sentido. El dolor es tan efímero que en el momento que desaparece, el pensamiento olvida y solo siente. 

Todavía recuerdo como siento cuando sufro aquel u otro dolor, sin embargo el dolor en sí no lo recuerdo. El dolor no es como zumo de limón, donde ahora mismo, acabas de reproducir el amargor en tu boca. El dolor vivido es como el sabor de chocolate, te despierta esa sensación única de recuerdo, unas veces suave, tal vez alguna ocasión amargo y otras podría ser puro e intenso.

El dolor intenso por desamor no tiene nada que ver con los latigazos de una vesícula llena de piedras. El dolor del alma cuando te ponen tu primera vía para ver como van entrando las químicas por tus venas y vas sintiendo como lentamente y de forma paulatina" in crescendo" se te duerme el brazo por el oxaliplatino no tiene nada que ver con los efectos secundarios de la propia quimio.

El dolor es una cosa y el sentir es otra. A mi la quimio no me dolió hasta que un día por aquellas cosas que ocurren por los recortes sanitarios, utilización de genéricos en los fármacos y en todas las etapas del tratamiento incluidas agujas y vías, hizo que el oxaliplatino saliera de su circuito habitual, la vena,  y se extendiera a lo largo de mi brazo derecho.

Recordaré bien aquel día, lo tengo grabado por fecha y por forma. Aquel miércoles 12 de diciembre de 2012 yo acudí al Hospital de día para darme mi quinta sesión de quimioterapia. Aquella mañana la sala estaba desbordada, como siempre. Somos muchos los pacientes y menos los recursos. Esa mañana iba acompañada de "mi hermana" Mariela (prima hermana) y posteriormente de mi amiga Gimena. Como era habitual, en la sala coincidía con mi amiga Elena (pues antes de enfermar ya eramos amigas en nuestro circulo mas personal), su cáncer de mama y el mio de colon, decidieron sin preguntarnos, coincidir en tiempo y espacio, así que nosotras solo pudimos dejarnos llevar y acompañarnos mutuamente.

Esa mañana del 12, una señora dos asientos a mi izquierda tuvo una extravasación de la quimio en su brazo izquierdo.

Mariela me exclamó en voz baja:

-Ufff pobre mujer, lo va a pasar putas. Eso duele muchísimo.

Diez minutos mas tarde, al re-colocar mi manta eléctrica del brazo, pues fue recomendación de mis enfermeras cubrir mi brazo mientras me daba el tratamiento con calorcito, observé que en la curvatura de mi brazo derecho, un bulto del tamaño de una pelota de tenis había hecho aparición.

Mirando a Mariela a los ojos le dije:

_ Mariela, voy a pasarlo putas. Mira.

Su cara lo expresó todo.  

Aquella mañana tres pacientes tuvimos extravasación con la quimio. Es decir, se rompieron vías o venas y la quimio arramblo a sus anchas por nuestro cuerpo. 

Existen quimios que son abrasivas y cuando esto sucede inmediatamente pasas a quirófano para extraer lo máximo posible y que no perjudique tejidos. Otra como la mía es irritante. Y la propia palabra lo dice. Solo recuerdo que aquellas dos semanas posteriores, el dolor intenso y constante, no me dejaba ni dormir. Las lagrimas salían solas sin yo llamarlas. Solo recuerdo el sentimiento de ese dolor inquisidor y nada invitado a hacer morada en mi cuerpo. 

A partir de aquí solo puedo decir que terminé ingresada en el hospital porque nadie sabia como tratar los efectos de aquel capricho del destino. Terminé tomándome las uvas acompañada de mucha gente a través de la red.

Sin embargo un mes después me había convertido en una "yonqui" entre la morfina, la Lyrica, Adolonta y el MST de 10mg, 30mg, 60mg y 100mg y sin respuesta concreta a resolución de aquel desagravio. 


A veces las personas nos escuchan sin saber que estamos siendo escuchados. El lunes 14 de enero de 2013, después de tres semanas de ingreso y sin respuesta a un tratamiento concreto y resolutivo. Tomé la decisión de dirigirme a atención al paciente a exponer mi queja. entré en aquel ascensor desde la planta cuarta y una celadora que me conocía de otras idas y venidas me dijo al verme cargada con mi gotero y mi cara de cansancio:

-Te vas a dar una vuelta para despejarte.
- No. Me voy a poner una queja en atención al paciente, porque nadie encuentra una solución a mi problema.

No había caminado 20 pasos de mi salida del ascensor cuando un medico me pone la mano en el hombro y me transmite que no había podido evitar escucharme en el ascensor y que podía ayudarme. Luis era el jefe de planta de oncología, se reunió conmigo, leyó mi expediente y después de un mes y sin tampoco saber que hacer, tomo las riendas de mi caso y buscó todas las alternativas posibles. Desde un fisio para que me hicieran masajes de drenaje linfático, como análisis dermatológicos, así como crear un protocolo de actuación en el propio Hospital de día. 

"Todas las vías estarán a la vista de las enfermeras con el fin de tener una visión rápida de cualquier anomalía (extravasación)"

El dolor al cabo de los meses desapareció. Las secuelas un año después siguen estando. Y lo único que me queda es como me sentí en cada parte del proceso. Lo mejor, el sentimiento que me queda recordándolo después. Todos en la medida de sus posibilidades y conocimientos estuvieron por mi. Y ese sentimiento es imposible de olvidar.

Gracias a todos. Cristina, Elvira, Paca, Mª José, Luis, Josito, Luis, Antonio y de cada uno de los que me asistieron. Gracias con mayúsculas.
Os mando un beso, Begoña

1 comentario:

  1. increíble tu relato. lamentable que esos errores como el que os pasó a vosotros con la anomalía de la quimio sucedan. y un gran aporte que gracias a vuestra dolorosa experiencia se hayan tomado medidas y sean menos las personas que tengan que pasar por eso. enhorabuena por la fortaleza de contarlo. yo también he pasado dolor en mi vida y coincido contigo en que es como el amargor del zumo de un limón: cuando estás bien se olvida. recuerdas que lo pasaste mal, sí, pero no sientes el dolor. eso está bien :) eres muy fuerte, impresionante. gracias por compartir

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