28 oct. 2013

Un eslabón perdido...

Me perdí al igual que lo hace el ultimo eslabón de la cadena. El último no tiene continuidad. Solo lleva a cuesta el peso o el sentido de pertenencia a algo que a partir de él deja de ser.

"La vida es muy perra" ya lo dijo Silbia Abascal al sufrir un quiebro su vida el 2 de abril de 2011.

Uno puede poner toda la fuerza, la actitud así como tener toda la motivación necesaria para querer seguir con su vida. Sin embargo a veces la vida no es de uno por un espacio corto de tiempo. Y lo acoto en el tiempo, porque si es cierto que somos responsables de como asumimos y enfrentamos los quiebros que nos pone pero no decidimos algunas cosas que nos depara la vida.

Yo no elegí quedarme sin madre con ocho años, tampoco elegí a la mujer de mi padre y no elegí tener un cáncer. Y estas tres cosas han marcado mi vida. Siempre he pensado que cada una de ellas me han traído sin yo pedirlo un lado bueno, un lado humano que solo puedo aceptar desde un prisma de privilegio, pues si no lo hiciera así, la desdicha de cada una de las decisiones que la vida ha tomado por mi, me hubieran llevado a un lado mucho mas oscuro y en el que no he deseado nunca entrar.

Mi palabra se llama aceptar. Y cuesta tanto llegar al sentido mas profundo de esa palabra. Cuando la vida de uno se rompe en mil pedazos uno puede elegir recoger cada uno de esos trozos y recomponer su vida, aunque el resultado no tenga nada que ver con el inicio. Dejé de ser una niña demasiado joven y dejé de tener lo que mas anhelaba por un amor. Dejé una vida estructurada hace apenas 14 meses y todavía ando en el desierto aunque vislumbre un oasis en el horizonte de mi visión. 

Cuando lo pierdes todo, y digo todo lo que un día para uno llega a ser lo mas importante, uno mira de frente al mayor miedo que es no tener salud. Detrás de esto, viene todo lo demás. En un año y medio perdí mi casa, perdí mi trabajo, perdí mi libertad financiera, perdí mi independencia, perdí tantas cosas que uno puede rozar la locura. 

Puedes volver a leer, perdí cosas, solamente cosas. Las razones importantes de mi vida siguen estando a mi lado. No he perdido la esencia de quien soy, tampoco lo que sé y ni siquiera se han alejado aquellos a quien quiero. Necesito tener esto presente. Es importante cuando uno se pierde, como me he perdido yo unos cuantos meses, saber que el tiempo marca etapas sin embargo quien las escribe es uno mismo.

Vengo del desierto, vengo rota. Llego siendo el último eslabón de una cadena que pesa demasiado. Pero no me olvido que la que vuelve soy yo, con la fuerza necesaria, con la vista al frente mirando arriba, con la cabeza erguida.

Vuelvo a comenzar de nuevo mi cadena...:) 

27 jul. 2013

Yo tengo un amigo...

Cuando a tu vida llega una adversidad y la compartes con la gente que te rodea, al igual que sale el Sol todos los días, todos tienen una historia que contarte. Algún relato que describa que no eres la única y que de esa adversidad se sale. Todos ante la desgracia buscamos un hilo de esperanza. 

Cuando le comunicas a alguien que tienes cáncer surge un carcinoma mayor llamado "Yo tengo un amigo que.." Y ese tumor "Yo tengo un amigo que tuvo un cáncer de..." llegó a mi vida mas inesperado que el resultado de mi propio cáncer de colon, pues aún faltarían 6 días para mi resultado.

Al igual que yo, todos mis allegados eran conscientes de la planta donde me ubicaba "Digestivo y oncología",  el tipo de pruebas que me estaban realizando y las probabilidades altas de que todo lo acontecido, no llegara a buen fin. Ellos lo sufrían conmigo y ellos mismos buscaban una salida para ese sufrimiento. A algunos los vi romperse delante de mi. Les vi llorar. Y aunque mi abrazo y mis palabras calmaran instantáneamente ese dolor, todos en alguna medida y a su manera buscaban el contrapunto con casos de éxito para convencerse que aquello tenia solución.

Era increíble la cadena efecto dominó que surgió a mi alrededor sin darme cuenta. Amigos, familiares, amigos de amigos de estos y todos en alguna medida tenían un caso que compartir. Lo que más me llamó la atención es que incluso el mayor tipo de tumor que compartían era el mismo que se suponía que podría tener yo. Llevaba solo cinco días cuando acepte visitas en el hospital. Antes por la morfina no hubiera podido ni dedicarles una sonrisa. Y en solo dos, tomé una decisión.

En 48 horas hice un máster de todas las consecuencias que podría tener un cáncer de colon. Como que a una probabilidad alta de pacientes les realizan una colostomia permanente (la colocación de una bolsa en sustitución de la carencia de ano). Sí, acabas de experimentar lo mismo que yo cuando lo escuché. También que es un tumor que si es diagnosticado a tiempo es de los que mejores resultados de curación da, que es de los mejores que te pueden tocar (leer de nuevo y pensar bien la frase, que tiene miga), etc. etc. etc. 

Todo lo que experimenté en esas 48h fueron relatos de personas y casos que no tenían que ver conmigo. Unos eran jóvenes, otros mayores. Unos fueron detectados en una fase, otros en otra. Unos tenían un tipo de cáncer, otros otro. Unos disponían de unos medios y otros de otros. Y cuando aquella mañana la amiga de un familiar vino a visitarme porque ella había superado con gran satisfacción (sinceramente lo digo) la mastectomía de sus dos pechos y se levantó su camisa para que viera el resultado, tuve claro una cosa, que cualquier persona que iniciara una conversación conmigo y me dijera tengo un amigo....con la mejor y delicada de mis sonrisas le diría que no.

Todas aquellas conversaciones de alguna forma u otra tenían un final feliz. Ninguno me contó yo tengo un amigo con cáncer de.... que murió el mes pasado, o el año pasado o el día anterior. Y todos lamentablemente en igual medida tenemos los mismos casos para compartir. 

Podréis pensar que puedo llegar a ser una ingrata y lo entendería perfectamente. Y también soy consciente que cada una de esas conversaciones tenían un fin. Aliviar mi dolor, mi miedo o mi estado de animo. Sin embargo, cogerlo con matices, nadie se reparó en preguntarme precisamente eso. ¿Como te encuentras tu? Nadie practicó el arte de la escucha porque a ello antecede el silencio. Y ya sabemos que el silencio según cuando es aterrador.

Ante una desgracia damos por hecho los sentimientos de los demás sin pararnos a pensar que esos sentimientos son los nuestros, los creados desde nuestra experiencia y nuestro paradigma, sin considerar que enfrentarnos a las adversidades es una cualidad individual y que lo primero y único que podemos hacer es escuchar al otro. Buscamos con nuestros relatos abrigar a nuestros seres queridos, sin embargo no caemos en el detalle de ser conscientes que ellos, son únicos e irreemplazables. Buscamos generalidades para calmar el dolor, cuando éste se experimenta de forma individual.

Y así lo extrapolamos a las cosas cotidianas. Cubrimos el dolor de otros con palabras y sin escucha. Y tal vez si lo invirtiéramos, escucháramos primero, nos daríamos cuenta que en ocasiones sobran las palabras.

He conocido durante este año a mucha gente. Cada tres semanas cuando iba a mis sesiones de quimioterapia, he escuchado un sin fin de historias. Todos allí tenemos algo en común y se llama cáncer. Y todos ademas, sin saber como pero así sucede, hablan de "vida" No hablan de cáncer. Hablan de como mejorar un síntoma. Hablan de como remediar un efecto secundario. Hablan con humor las contrariedades de esta enfermedad. Unos hablan y el resto escuchamos. 

En la sala de espera de un hospital de día se aprende y se desarrolla el valor de la escucha.
Y así aprendí que ante la flaqueza de un amigo, no valen mis historias. Lo importante, lo que cuenta es la suya.

Gracias por seguir pasando por este rinconcito de mi alma.

Begoña

24 jul. 2013

Mis amigos...

















Son todos los que están, aunque no están todos los que son. Y sí son mis amigos. 

Desde siempre la amistad, en todo su contexto es un pilar importante en mi vida. Me llama la atención la gente que dice que tiene un reducido grupo de amigos. Que afirma que la amistad verdadera es de unos pocos y no puedo estar más en desacuerdo.

Mi vida me ha demostrado que sí se puede confiar, que sí se puede contar, que sí se puede esperar y sí nos podemos entregar, siempre y cuando sepamos quien es la persona que tenemos delante. 

Saber elegir a los amigos es un aprendizaje. Y saber cuidarlos también. Aveces cometemos el error de pedir por igual y en la misma medida a todos nuestros amigos. Yo también lo hacia y hablo en pasado porque para mi la amistad era mi valor más preciado y primario, anteponiendo todo por ella, sin entender, ni comprender, que mi valoración no podía ser igualada por los demás. A esta reflexión llegue demasiado joven. Tendría unos 18 años. Justo cuando el amor y el cariño me faltaba a borbotones y pensaba que la amistad se compraba. Craso error. Aprender esta lección tan pronto fue uno de los mejores escarmientos que me ha dado la vida.

Aprender a desprenderse de compañeros de viaje es practicar el arte de conocerse uno mismo. Uno se descubre en la soledad mas profunda y en el eco de su propia voz. Escucharnos en ese silencio absoluto requiere grandes dosis de valentía. Y ser consecuente con lo que escuchamos requiere aún mas coraje.

Haciendo un Kit Kat. Las enfermeras del Hospital de día nos denominan "valientes" a todos los que pasábamos diariamente a hacernos tratamientos de quimioterapia. Yo siempre les dije que vivir la vida con quimioterapia y sin ella es de "valientes". ¿Quien a lo largo de su vida no necesita armarse de fuerza, quien no se enfrenta o tiene momentos donde el esfuerzo o la excelencia en algo se hace imprescindible? Vivir la vida en si es de valientes. Saber elegir amigos es parte de esa valentía. Y saber ser amigo es una osadía realmente gratificante. Estoy convencida de ello.

Sigamos desprendiéndonos. No descubriré nada nuevo si digo que en la medida que vamos evolucionando vamos dejando y vamos cogiendo. Aunque cada uno lo haga en ritmos distintos. La necesidad de colmar nuestras inquietudes nos hace impetuosos en algunos tramos de nuestra vida y eso gestionado desde el crecimiento personal es bueno aunque parezca lo contrario. No hay que quedarse parado, no hay que esperar a que sucedan cosas sin movernos. A veces ir contracorriente se convierte en una aventura con final feliz.

La anécdota del mes de julio del 2012 se la lleva una llamada. Desde el momento que salí del hospital esperando la fecha de mi operación, me dediqué a hacer mis "deberes" de arreglar mi vida. Y en eso andaba yo aquella tarde de lunes cuando recibí aquella llamada. Unas amigas habían quedado con sus maridos a cenar en un restaurante cerca de mi casa y me invitaban a unirme a la velada ese próximo jueves. Fue tal la insistencia,tal la necesidad de mi presencia, que a pesar de tener una tarde intensa con dos sesiones de coaching y finalizar sobre las 22:00 asistí a mi invitación sabiendo desde el minuto uno que había "gato encerrado".

Soy afortunada, siempre lo he dicho. Y cuando aquel jueves me dirigí al restaurante para compartir una velada con dos matrimonios, me encontré a mi grupo de amigas, las de siempre, las que te acompañan desde la adolescencia junto a las que se unen en tramos posteriores de una vida. Allí estaban todas, junto a "mi hermana" Mariela (es mi prima aunque para mi es mucho mas que eso) con el único fin de darme, darnos a ella y a mi, un mensaje. "No estás sola, no digas nada. Ya lo hemos organizado todo y junto a Mariela iremos a cuidarte por turnos al hospital. No puedes negarte. Simplemente tienes una cosa que hacer. Dejarte querer".

Durante 11 días estuve 24h acompañada en todo momento. Hicieron turnos de ocho horas. Como los turnos del hospital. Dejaron por unas horas, sus trabajos, sus familias, sus quehaceres. Pasaron sus noches, sus tardes y sus días conmigo. Me acompañaron en mis heridas, dolores, complicaciones. Me cuidaron, me lavaron y me dieron de comer. Yo simplemente tuve, que dejarme querer.

Este detalle fue de una parte de mis amigos. Otros me han aportado otras cosas. Otros estuvieron en otros momentos, que seguramente iré desvelando en este rincón. Cada uno a su manera ha estado a mi lado. Incluso los amigos que están en la distancia. Sé que están ahí. 

Así son mis amigos. Mis amigos me conocen y yo les conozco a ellos. Cada uno de los que veis en esa foto, me aporta cosas distintas. Todos me han dado y a todos he entregado. No es importante lo que me ofrecen sino que cada uno de ellos cubre un hueco en mi vida. Estamos. En la distancia y en la frecuencia. En las cosas buenas y en las que vienen torcidas. Cada vez que recibo una llamada y leo sus nombres en mi teléfono surge inevitablemente una sonrisa en mi cara. Se que al descolgar me llevaré algo, una conversación, un momento, una noticia, un sentimiento, un te necesito, un instante, que antes de que sonara, no tenia.

Así son mis amigos.
¿Lo entendéis ahora? 
Soy afortunada.

15 jul. 2013

San Lorenzo se llama Lorenza

Hay lugares donde la clase social, el nivel económico, nuestra raza, religión o cultura no son condicionantes para recibir ningún trato de favor con respecto a los demás. 

En la sanidad publica uno no elige nada. Está todo protocolizado y estandarizado. Lo que importa son las personas y sus enfermedades. Somos un número de expediente con un historial medico que recorre cada planta según el especialista que lo solicite y convivimos bajo la decisión de un parámetro que acopla enfermedad, edad y diagnostico.

Las personas que llegan a una planta de este "Resort" llamado Hospital Universitario de San Juan son ubicadas normalmente por sexo y edad. Así una persona joven no estará con una persona anciana como tampoco existen habitaciones mixtas. (Cahisssss...... eso lo cambiaría yo jajajaja). Dentro de cada planta y cada especialidad también existen habitaciones individuales. A ellas es mejor no llegar, no son ni mucho menos un privilegio, sino todo lo contrario. Estas habitaciones son sinónimo de supervivencia. Y muy a mi pesar, vi familias rotas por la perdida de quien habitaba esas pequeñas suites.

Como ocurre en cualquier actividad de grupo, es necesario hacer sentimiento de pertenencia y esto comienza por ponerte una pulserita identificativa y facilitarte un pijama bien de color naranja (los mas actuales que te convierte en una bombona de butano andante) o azul (los de toda la vida y mas desgastados). 
Es inusual encontrarte a pacientes con sus propios pijamas, aunque haberlos haylos y en algún momento yo también me puse el mio de lunares.

Había tenido ya tres compañeras de habitación, la primera nuestra amiga argelina que solo hablaba francés y tenía cáncer de pulmón, la segunda a María le diagnosticaron un cáncer de útero y con ella viví nuestro triunfo como campeones del mundo de fútbol y por ultimo una madre muy jovencita Lorena que llego con una infección en el riñón y que paso todos los días llorando como una cría por estar viviendo aquella situación sin haberlo esperado.

Lorena había convivido conmigo tres días en la habitación 4109, ella lloraba y yo le animaba. Su matrimonio no andaba muy bien y su niña de tres añitos llevaba cuatro días sin verla. Aquella situación la mantenía en un estado de pena permanente. La higiene no era una cualidad que tuviera bien aprendida, tal vez eso hubiera sido el condicionante para tener que estar allí. Aquella tarde le diagnosticaron una infección contagiosa que se iniciaba en sus partes intimas y que se había extendido al riñón con un grado alto de gravedad.  El protocolo decidió que nos separaran y ella quedara en aislamiento. Nadie podía entrar en la habitación sin consentimiento medico, y el que lo hiciera, debía ir con mascarilla, bata y patucos como los de quirofano. 

He hablado aquí de nuestro "enano cabrón" ¿No? esto me daría para otro post así que seguiré con este. Mi enano cabrón, el que me habla desde la negatividad,  el miedo y las inseguridades, el mismo que suele hacer presencia en el momento más inoportuno empezó a hacerme preguntas  ¿Y los tres días que has compartido todo con ella? ¿te habrás contagiado? Ahora de nuevo y por cuarta vez tendrás que sacar la mejor de tus sonrisas y solo Dios sabe con quien te pondrán ahora
Y tu ¿tienes tu enano cabrón? al mio lo voy educando jajajaja

Sigamos.
Tener un espacio llamado habitación en un hospital es igual a comprar un cartón en un Bingo. Sabes que todas las posibilidades como los números están dentro del bombo pero tu solo quieres que te salgan los tuyos, es la única forma de poder cantar linea o bingo. Tu has elegido tu cartón de una forma inconsciente con el deseo de que solamente quieres estar en paz, estar con alguien con quien conectes, para que la convivencia sea más llevadera. No quieres ni buscas mas. No buscas amigos, aunque luego alguno lo sea, no buscas tener un confidente, aunque luego las palabras fluyan por la fragilidad del momento. No buscas aunque al final siempre encuentras.

En 15m cuadrados que puede tener una habitación con baño incluido, tienes que convivir y solo pueden pasar dos cosas: que finalice tu tiempo de convivencia sin saber nada absolutamente nada de la persona que ha estado a tu lado y seamos claros, que ha "meado" en el mismo lugar que tu o que termine contándote sus mayores miedos y como consecuencia su vida. Porque un hospital aunque no lo parezca es el lugar donde mas nos desnudamos emocionalmente con un desconocido. Y si ese desconocido tiene la cualidad de escuchar, callar y sonreír  las historias fluyen solas. 

Y ahí estaba yo, de nuevo recogiendo todas mis pertenencias para salir de una habitación infecciosa 4109  y trasladarme dos mas a la derecha. La habitación 4111 me esperaba con un Sol radiante como San Lorenzo en pleno mes de agosto. Estábamos a principios de julio y faltaban todavía 30 días para que calentara a pleno rendimiento. Mi cama se ubicaba a el lado de la ventana y justo a mi lado estaba Lorenza. Si Lorenza. Y con ella la habitación brillaba mas, mucho mas.

Recuerdo perfectamente las palabras de mi enfermero Rafa. "Normalmente os ponemos con gente de vuestra edad. Lorenza es una persona mayor, pero no te preocupes, no huele, es muy limpia y sobre todo es muy muy buena, Lorenza es especial y tu le darás mucha vida "


Lorenza era una joven de ochenta y tantos. Nunca supe los tantos, tampoco me importó. Tenía mil males diagnosticados, uno detrás de otro, que la tenían en cama la mayor parte del tiempo entre otros motivos porque a pesar que era recomendable que se levantara un poquito por la mañana y otro por la tarde, no tenia a nadie que pudiera acompañarla. Solo una visita fugaz cada mañana de su nuera y otra de noche de uno de sus hijos, era el único acompañamiento durante esos días iniciales.

Y así, sin yo saberlo, tuve que eliminar todos mis prejuicios y creencias en el tiempo que tardas de ir de una habitación a otra. (He tenido tres abuelitas que he querido con locura. Por experiencia sé que la vejez unida a medicinas no es el mejor coctel para un cuerpo que va evaporándose. Siendo honesta, los olores para las personas que tenemos desarrollado el sentido del olfato a máxima potencia, son recuerdos no gratos, ni tampoco con ganas de volver a vivir).

Cuando entré en la habitación su mirada brillaba más que el Sol de tarde que entraba por la ventana. Una leve sonrisa y una voz sin energía aunque alegre me dio la bienvenida. Lorenza estaba sola. Como según ella había estado a lo largo de su vida a pesar de tener dos hijos. Era la hora de la merienda y sin darme cuenta, me senté en el borde de su cama, le miré a los ojos y le pregunté ¿merendamos? Lorenza me contestó con una sonrisa, dándome la aprobación para que pudiera darle el café con leche con que nos deleitaban  aquella tarde de verano en nuestro résort.

Así pasamos los siguientes doce días. Lorenza fue mi oxigeno hasta que recibí mi diagnostico. Desayunábamos, comíamos y cenábamos juntas, aunque por las noches siempre nos acompañara su hijo. Hablamos de la vida. De lo divino y de lo humano. Reímos,  bailamos y dimos vida a aquella habitación hasta aquella tarde del día 6 de julio que me dieron tan grata noticia. Aquella tarde, me rompí al decírselo a mi hermano, y al quedarme sola en la habitación junto a Lorenza, lloré. Lorenza me escuchó llorar incesantemente hasta que escuche sus palabras. "No llores, eres joven, fuerte y la vida no será cruel contigo, ten fe" Sus palabras fueron el único y el mejor consuelo que tuve en ese instante para darme cuenta, que no era ni el lugar ni el momento. Lorenza no se merecía verme sufrir.

Así conocí a Lorenza y así recordé de nuevo, que cuando etiquetamos, directamente limitamos. Cuando limitamos desperdiciamos, perdemos, abandonamos, oportunidades. Y si estas oportunidades existen, automáticamente se desvanecen por nuestro principio primario de juzgar en base a nuestra experiencia y que muchas veces nos ha enseñado lo equivocados que estábamos en algunos momentos.

Es difícil mantener la mente abierta. Llevamos demasiadas capas incorporadas que no hemos sabido eliminar. Nos hemos olvidado de lo que hacíamos de pequeños, cuando eramos aventureros intrépidos buscando quien o qué había detrás de cada una de nuestras curiosidades. Entonces teníamos la capacidad de recibir sin cuestionar y ahora cuando la experiencia nos aporta mucho mas, no sabemos aprovechar lo aprendido limitando casi todo de forma inconsciente. ¿Porqué hacemos de una forma automática clasificar, catalogar, organizar o separar nuestras creencias y decidir bajo prejuicios? Vaya aprendizaje estúpido vamos adquiriendo.

Y así el hecho de cambiar de habitación, de cambiar de compañera de una forma asidua y constante, me dio una lección. Me guste o no, habrá situaciones cotidianas donde todo vaya cambiando alrededor o simplemente sea yo la que cambie. Si tengo la habilidad de adaptarme a un espacio menor de 15m y a las personas que allí conviven y son desconocidas para mi. Puedo extrapolar este aprendizaje a mi vida diaria.

Para que un enojo, un cabreo, un mal momento porque las cosas no surgen como nosotros esperamos. La vida fluye y saber rezumar con ella es saborearla con toda su intensidad.

Yo no puedo cambiar de habitación aunque si puedo mimetizarme con ella. Yo no puedo elegir quien me acompaña sin embargo si puedo descubrir a la persona que comparte ese espacio conmigo. Yo no puedo ni quiero mantenerme en la queja, solo quiero seguir siendo esa "cabra montesa" como me decía mi madre en mi niñez y seguir aprovechando la vida, aunque ésta sea muy perra y me lo ponga muy difícil.

Y así es, aquella tarde conocí a Lorenza, aquella tarde canté Bingo.

Begoña

12 jul. 2013

No postergues tus sueños...

No postergues tus sueños. Aunque no lo pienses hay cosas en la vida que sí tienen tiempo de caducidad.

Recuerdo perfectamente que detrás de mi pregunta ¿ahora que tenemos que hacer? llegó otra que rondaba en mi cabeza ¿como puedo hablar con un oncólogo? 

Muy a mi pesar dos meses antes a mi valoración a una de mis amigas le habían diagnosticado un cáncer de mama y mi mayor miedo se hacia mucho más latente después de mantener conversaciones sobre el futuro y los deseos.

Me acababan de decir que tenía cáncer y mi mayor anhelo mantenido desde que tengo conciencia de la vida, desapareció como un truco de magia. Visto y no visto.

Siempre he querido ser madre. Y ser consciente que mi futuro mas inmediato pasaba por "las químicas" significaba casi matar en vida mi mayor sueño. Necesitaba saber qué opciones tenia. Qué me ofrecía la ciencia para poder cumplir mi sueño, antes de pasar por todo este proceso. En mi mente estaba congelar óvulos. Convencida que saldría de este reto, no quería dejar pasar la ocasión de hacer todo lo que estuviera en mi mano. Aquel mismo día desde la planta cuarta salió una instancia para el departamento de oncología.

Cinco días después entraría por primera vez en el Hospital de día del Hospital Universitario de San Juan. Mi primera de muchas visitas de los próximos diez meses. Sin entender el procedimiento, veía mucha gente. Era casi evidente quien era paciente y quien era familiar. Los familiares tienen los ojos impregnados de tristeza. Los pacientes tienen una mirada de esperanza. Luego están los signos reconocidos por todos, pañuelos, cortisona, delgadez que hacen más patentes quien si y quien no pasa por esta experiencia.

Aquella primera visita al departamento de oncología con Dra. Mª Ángeles Cristina me dio mucha información. Allí la vida va muy lenta en el espacio tiempo y a la vez rápida para salvar el ultimo suspiro de aquellos que tienen mil posibilidades más. Aquel día supe en que consistía mi tumor. Tuve una clase magistral de mi oncóloga. Entendí sus cuatro fases. Imaginaros una tubería cortada. En su interior comienza todo. Como cuando se obstruyen por la cal o suciedad. Así es como se inicia un tumor de colon. Ufff¡¡¡¡ tengo tanto que contaros que me pierdo entre lineas....sigamos con mi sueño.

Yo quería ser madre y después de dos semanas ingresada y con mi diagnostico confirmado, me mandaron para casa. Me llamó la atención que así fuera y que entrara dentro del protocolo de actuación. "Te vas a casa, ya te avisaremos cuando te operamos, tienes unos días para ordenar tus cosas". Sí, te dan la noticia y te vas a arreglar tus cosas. Necesitas poner orden a tu vida, aunque no sepas por donde empezar. Una tiene una vaga idea de lo que le viene encima, porque todo lo siguiente, es un plano desconocido que vas descubriendo paso a paso. Es como hacer una yincana, a diferencia de que las pruebas las haces tu solo, siempre en algún lugar cerrado, hospital, casa, habitación y cuya única finalidad es seguir viviendo.

En esta prueba nadie te advierte de la realidad, porque nadie sabe cual será. Solo tienes que re-ordenar tu vida. Si cuando estamos bien nos sentimos incapaces, cuando estamos mal se convierte en una odisea. Comunicárselo a tu familia, luego a los amigos, detrás vienen los del ámbito laboral y posteriormente al final sin tu creértelo todavía, te lo tienes que decir a ti. Si estás enferma. Y nadie te preguntó si querías aparcar tu vida, como cuando aparcas un coche. Sabes que no volverás a conducir el mismo coche en mucho tiempo y necesitas poner una funda, como esas antiguas de los coches, para que cuando vuelvas de nuevo a ponerte delante de él, la carrocería no se haya estropeado por culpa de los avatares de los muchos días que lo dejaste aparcado.

Por un acuerdo entre el Hospital y la Fundación del Instituto Bernabeu pase durante el mes de julio por una pruebas y el resultado fue más duro que saber que tenía cáncer. Yo, Begoña no podría ser madre con mis óvulos. La naturaleza tiene sus ciclos y según el ginecólogo el mio estaba en su fase final. 

Mis 44 años no me hacían una candidata idónea para someterme a un proceso intenso de ovulación donde la Fundación se aventurara por mi sueño y que después de pasar mi enfermedad pudiera realizar un proceso de fertilidad. Si hubiera tenido ocho años menos, el Instituto Bernabeu no hubiera dudado en apostar por mi.

Aquel día salí de la consulta lo más erguida posible y rota en mil pedazos por dentro. Llore. Lloré hasta que me vacié de pena. Cada recuerdo de cada día que postergue mi decisión de ser madre fue una incisión mas profunda en mi herida. Durante 20 años me había pasado la vida encontrando justificaciones, el trabajo, mi concepto personal de familia, que se fue modificando como iba ganando años. Al principio no quieres hacerlo sola, cuando ves que no tienes a la persona con quien compartir algo tan maravilloso como ser madre, te planteas el porqué no sola. Y claro hacerlo de una forma u otra, te aporta más justificaciones para seguir postergando una decisión que nunca tomarás. Nunca encontré el mejor momento y cuando pensé que era el mejor momento, la vida se encargo de torcerse en la primera esquina y mi momento se esfumó.

No puedo decirle a nadie lo que tiene que hacer, solo puedo sacar mis propias conclusiones y mi propio aprendizaje de mi experiencia. Y lo que puedo compartir es que todos llenamos la vida con miles de justificaciones. Y cuando las vamos creando dejamos de pensar. Dejamos de involucrarnos en nuestra vida. Dejamos pasar el tiempo buscando unas condiciones, unos requisitos que nunca llegaran porque no cambiamos nada para que puedan llegar.

Cuando justificamos nuestros hechos sabemos y somos conscientes de una forma inconsciente que lo que hay detrás nunca, nunca sucederá. Sería bueno empezar a hacerse nuevas preguntas ¿que me frena realmente para hacerlo? ¿que necesito para llevarlo acabo? ¿con quien o que cuento para conseguirlo? ¿como puedo tener o disponer de lo que me falta? ¿realmente lo deseo? ¿que estoy dispuesto a hacer para conseguirlo?

La vida pasa. Y si las justificaciones toman un protagonismo en nuestra vida, ésta va quedándose más vacía cada día. Tal vez sea momento de pararse un poco y pensar que cosas tenemos postergadas por excusas. Tal vez sea momento de analizarlas una a una y tomar decisiones. Si te apetece seguir leyendo escribí sobre ello en el 2009. Toma de decisiones.

No sé, tal vez tengamos que plantearnos como afrontamos nuestros sueños. 
Soñar es realmente bonito.
Vivir los sueños es realmente vivir la vida.

Begoña.

7 jul. 2013

Primer día, primer aprendizaje...


Las Hogueras de San Juan tienen magia. Como todas las fiestas que se viven desde dentro. Llevaba un invierno intenso y duro y era una oportunidad para poder desprenderme de toda la tensión acumulada y mal gestionada. 

Si ya lo se. Llama la atención que alguien que se dedica a ayudar a los demás, a saber como gestionar sus emociones, a tener un crecimiento personal, a poder conseguir metas y sobre todo a hacer que otros  sean un poco más felices reconozca que también tiene la mismas necesidades aunque sean en planos distintos. Pues sí, yo también tengo a mi entrenador personal, sin él no hubiera podido alcanzar muchas de las metas que me he ido marcando en los últimos años.

Estoy cansada, muy cansada de ver tanta hipocresía de la felicidad. En esta vida no todo es happy flower. Y si alguien se mantiene en esa postura no está siendo sincero consigo mismo, al menos así lo pienso yo. La creencia de que todo tiene que fluir y vivir en un mundo rosa, no va conmigo, lo siento. No me desprendo de los momentos amargos que me ha ofrecido mi vida, puedo asegurar que no han sido pocos, porque la realidad es que de cada uno de ellos he sacado algo. Tal vez no lo haya hecho en el momento, tal vez no lo aprendí hasta pasados años, sin embargo la realidad, la mía, es que el coaching me ha ayudado a saber gestionar mejor esas situaciones. A saber como hacer frente a los resultados de mis malas decisiones. Porque si en algo sí creo, es que el resultado de lo que soy y tengo, solo depende de mi. Nadie, absolutamente nadie, tiene mayor responsabilidad que yo misma.

Por ello estoy un poquito harta de leer mentiras cuando conozco las historias reales de aquellas personas (conocidos que no compañeros coach) que gritan a los cuatro vientos lo que tienen que hacer los demás y no se lo aplican a ellos mismos. Y reconozco que en algún momento yo también he sido así. Lo siento, la realidad es que muchas veces predicamos sin el ejemplo y es entonces cuando nuestro mundo se desvanece como una torre de naipes hecho de arena. Cuando asimilé íntegramente esta realidad, cambiaron radicalmente los resultados ante lo que más me gusta hacer. Fue entonces cuando comencé a disfrutar haciendo lo que mas me gusta hacer y que mis clientes realmente consiguieran resultados.

Volvamos a mi vida. Llevaba siete años frenéticos. Y mi cuerpo sabiamente dijo no. Así andaba yo, de "juerga" un 23 de junio disfrutando de la fiesta del fuego, aquella que dicen que purifica y donde quemas todo lo que no deseas y atraes aquello que anhelas. Y el destino hizo una de las suyas, me dio un quiebro y rompió la felicidad de un momento pasajero para darme una nueva oportunidad. Vivir.

Pase cuatro días en horizontal, junto a una palangana. Y sin yo saberlo, ese era mi destino para los próximos meses. Aquella postura con esa compañía. Irónico no? Deshidratada, cansada y agotada aun tenia fuerzas para seguir disfrutando de aquellas cosas que me gustaban y tumbada en mi cama vía streaming disfrute de la conferencia que impartía  Fernando Álvarez @LaTrinchera  a pocos metros de mi casa y que hubiera ido a verle personalmente si la palangana no se hubiera apropiado de mi vida. No pude llegar a ver el final de su conferencia. Físicamente no podía más después de cuatro días y me llevaron a urgencias.


Ocho horas fueron suficientes para cambiarme la vida. Aquel día sin yo saberlo fui afortunada. Me hicieron todo tipo de pruebas, en un momento donde los recortes en la Seguridad Social eran portada todos los días en la prensa, no sentí que escatimaran en nada y solo un dato en la analítica disparó la intuición del medico residente, tenía la bilirrubina alta. Con las veces que yo había bailado "me sube la bilirrubina" de Juan Guerra y precisamente ésta fue la que despertó todas las sospechas. Mi vesícula era una cantera de piedras. Así lo describió la radiología Maria Ángeles. Nunca olvidare su sonrisa, sus palabras, su interés en la exploración, su tranquilidad. Fue ella quien descubrió que algo no andaba bien. Y así fue de una forma rocambolesca y casual gracias a una inflamación de otro órgano, que el peor de mis males no era precisamente la vesícula sino una obstrucción en el intestino. Entendéis ahora porque siempre digo que #SoyAfortunada Sí realmente tuve suerte. La vida da toques de atención y este lo hizo con más brío que nunca.

Y ahí estaba yo, sin enterarme de nada, sin ser consciente de la gravedad de los hechos, porque simplemente el dolor tomaba todo el protagonismo ese fin de semana. Uno de los aprendizajes que me llevo es que sentir dolor, si dolor, puede ser una de las torturas psicológicas mas duras que puede experimentar una persona. Y que cuando más te focalizas en él, mas intenso se vuelve y más localizado está. Solo las drogas son capaces de mitigar esa conciencia al sufrimiento. 

Y esto lo comparo a cuando nos aferramos a aquellas cosas, situaciones, personas que nos destruyen sin nosotros darnos cuenta. Donde solo el tiempo es capaz de darnos la respuesta cuando hemos llegado a un estado vegetativo de la situación y nada placentero. Seguimos empeñados a nuestro dolor sin valorar el resultado de nuestro obstinación. Es duro y difícil desprenderse del sufrimiento por el simple hecho de no pararnos a pensar y analizar como nos acontece la vida.

Ahora soy consciente que no puedo evitar el dolor (de la pérdida, del amor, la mentira o la traición)  sin embargo si puedo superarlo mucho antes orientando mis energías a la cura y no al propio dolor. Esa es mi nueva droga preguntarme ¿que puedo hacer yo para cambiar lo que siento? ¿Dónde focalizo mi mente, mi energía? para aceptar que el dolor seguirá pero mi vida es mucho más que ese intenso dolor.

Mi primer día de ingreso trajo mi primera anécdota. Me dieron habitación en la cuarta planta zona norte del Hospital Oncologia y Digestivo. Eso es precisamente lo que ponía el cartel de bienvenida a las habitaciones. Mi compañera una joven Argelina que solo hablaba francés y cuyo diagnostico era cáncer de pulmón. Estaba tan agotada y drogada que caí rendida en un profundo sueño, no antes de haber cumplido con la felicitación de cumpleaños de alguien a quien consideraba mi amigo. 

El hospital despierta a las 8:00h y tu quieras o no despiertas con él. Tóma de la temperatura, medidas de orina, tensión. Son una rutina diaria. Junto a ello llegan las auxiliares y dejan encima de tu cama, las sabanas, toallas y muda que necesitas para pasar un nuevo día en el hospital. Yo andaba en mi viaje interestelar. Las drogas seguían pasando por mis venas a través de dos goteros y fue entonces cuando puse en practica "donde fueres haz lo que vieres". Mi compañera, sí la chica argelina con cáncer de pulmón y con el oxigeno entrando por sus vías respiratorias gracias a una mascarilla, se levantó de su cama, cambió sus sabanas, se hizo de nuevo la cama, se aseó y esperó paciente la llegada del equipo médico.

Y yo allí. Con un simple doble gotero en comparación con ella y viendo como había hecho su cama que cuando estás bien es lo mas cotidiano de nuestras vidas, sin embargo cuando estás mal es toda una odisea. Cuando hube terminado de realizar mi cama y haberme aseado, mandé el siguiente tuit: "Alucinando¡¡¡¡ Cuanto ha cambiado la Seguridad Social... yo con dos goteros y hecha un trapo y me traen las sábanas para que las cambie yo" recordar era el momento álgido de los recortes en la INSS y mi TL no dejó de mandarme mensaje y tuit, no aceptando la situación. No tengo que deciros que fue una mala interpretación. Cuando mi enfermera Julia vino a hacerme una analítica le transmití mi sorpresa ante aquella situación y que me parecía increíble que los recortes hubieran llegado tan lejos. ¿Que harían las personas que no tienen a nadie? ¿Las que están solas o no pueden valerse por si mismas? Imaginaros el grado de falta de pensamiento en el que me encontraba. Tras una carcajada de Julia y mi cara de sorpresa me transmitió como era el proceso interno de planta. Las auxiliares con el fin de agilizar sus tareas primero dejan toda la ropa y luego van habitación por habitación haciendo las camas. 

Yo hice lo que los demás hacían, no me cuestioné si estaba bien o mal, simplemente lo hice. Tampoco valoré el lugar donde me encontraba, ni siquiera si tenia sentido lo que en un principio yo había hecho. Fue un acto automático. Como los muchos que hacemos a lo largo del día. Sin reflexionar. Y con las consecuencias de "caldear" un ambiente nada propicio sin ser real. Podéis estar seguros que mandé un nuevo tuit rectificando el anterior y pidiendo disculpas. Pues pensé que en breve se presentaría e Conseller de Sanitat para pedirme explicaciones jajajaja

De nuevo un aprendizaje: Piensa. No te dejes llevar por lo que hacen o dicen los demás. Ellos tienen sus motivos que no son los mismos que los tuyos. A veces creemos mas en lo que vemos, que en lo que realmente sabemos. La vida es demasiado intensa como para ir despistado por ella. Nos arriesgamos demasiado con tanta velocidad y nos perdemos mucho de lo que en el fondo ya tenemos y no sabemos valorar.

En resumen...

Así llegue al hospital. 
Así viví mi primer día. 
Y así comencé un nuevo aprendizaje.

Begoña.

6 jul. 2013

Ama la vida, toda la vida


Han pasado exactamente 365 días desde que escuche de forma nítida la frase "Tienes cáncer de colon ubicado en la zona del sigma" y necesité solamente un segundo para tragar saliva y preguntar al médico ¿Ahora que tenemos que hacer?  

Saber enfrentarnos a los avatares que nos presenta la vida no está en ningún manual y en ninguna escuela. Lástima, porque la inteligencia emocional sería una excelente asignatura de toda nuestra etapa de aprendizaje y por consiguiente a lo largo de toda nuestra vida. 

Siendo sincera y sin auto engaños tuve ocho días para prepararme mental y emocionalmente a esa frase aunque los médicos del Hospital Universitario de San Juan de Alicante procuraran entre prueba y prueba no alarmarme con un diagnostico no confirmado hasta el resultado de la biopsia.

Recuerdo perfectamente aquella mañana. En mi agenda yo tendría que ubicarme en Madrid. Había una nueva edición de Thinking Party 2012 y era una nueva oportunidad para retro-alimentarme personal y profesionalmente. Desde que me desperté aquella mañana, tuve la misma frase de la doctora en mi cabeza, aún cuando no la escuche hasta las 14:30.  Ahí estaba, como si fuera un mantra. El mismo que me daría las fuerzas necesarias para desafiar mi destino.

Es curioso como el cóctel de intuición, probabilidades y realidades nos anticipan a un peligro inminente como mecanismo de supervivencia. Había estado tres días asumiendo aquella posibilidad. Recuerdo cada una de las conversaciones que mantuve la tarde anterior, fueron tres, mi amigo y compañero Borja, mi amigo Miguel y mi hermano Jose. Era jueves y me escuchaba a mi misma pronunciar aquellas palabras "Hay un 50% de probabilidades de que sea un cáncer"  y de una manera inconsciente las pronunciaba para ir percibiendo como tendría que afrontar un hecho que no tenia vuelta atrás. Automáticamente surgía un silencio aterrador que se rompía con la negación de la persona que escuchaba mis palabras. Y la realidad es que en ese momento, aquella tarde, no tenia cabida la positividad, en ese instante lo importante era aceptar.

Pase la mañana sola y a la vez en la mejor compañía, escuchando vía streaming  las  conferencias de Inmaculada Uzquiano Guzmán López y Mario Alonso Puig entre otros . Ahora cuando lo pienso con la paz y la distancia que da el tiempo, me río de lo lista que es la vida y lo ciegos que a veces somos. Era mi momento, era el momento necesario de  pararme, de Reinventarme aunque aquella mañana yo no lo supiera y siguiera con mi mantra.

La espera gestionada desde la tranquilidad es la única forma de no perder el sentido de lo que realmente vivimos. Es necesario incorporar momentos dentro de otros momentos a nuestra vida, con el fin de no volvernos locos incontrolados. 

Le vi la mirada, no necesité más para saber que había ganado el 50% del si. Estaba enferma y comenzaba una nueva etapa en mi vida. Una etapa desconocida para mi y en la que yo no había tomado ninguna decisión y todas las que vendrían después no eran fruto de mi sino de aquellas personas que dedican su día a día a cuidar, mimar y atender a pacientes como yo.

Yo solo tomé una que fue decisiva para mi. No me pregunté jamas ¿Porque yo? ¿Porque me había tocado a mi? La vida nos pone muchas encrucijadas. Ya había pasado por varias y había aprendido a base de golpes  y tropiezos que todo pasa, todo. Y que de todo se sale. Ésta era una más. Solo que en esta ocasión tenia muchas mas puertas abiertas... la maternidad, mi deseo de tener un hijo se esfumó como lo hace un suspiro, mi corazón, la soledad de no vivir esta etapa con alguien fundamental como es tener tu pareja, la parte económica, vivía de mi trabajo, si no trabajaba ¿de que iba a vivir? la familia, tengo dos familias, ya se, es largo de contar, pero los que tendrían que estar no están (la vida....sin ninguna acritud) y los que están no deberían de sufrir por mi, aunque lamentablemente todos sufrieron. Ante esta situación solo tuve una opción, cerrar cada una de ellas. No importaba el tiempo que me fuera necesario. Había tomado una decisión y era afrontar mi propia vida con todo aquello que estaba en mi mano. Hoy en día sigo teniendo alguna abierta....sin embargo las que he cerrado me han permitido seguir manteniendo algo que me caracteriza, mi sonrisa y mis ganas por vivir.

Aviso, este no será un blog que hable sobre el cáncer. Sera mi vida, contada con mil anécdotas, muchas y variadas experiencias que deseo compartir desde el humor, la ironía, la franqueza y la esperanza. Mi vida con un capitulo más. No el más importante sin embargo si el que mayor transcendencia ha tenido para mi.

Gracias por pasar, por leerme, por sonreír y vivir conmigo esta etapa de mi vida.

Ama la vida, toda la vida.
Yo, ya lo hago.
Begoña